Uno de los cuentos más populares del poeta nicaragüense Rubén Darío.
El que quizá fuera el más grande de los representantes del Modernismo
literario en español –el “Príncipe de las letras”, como le llamaban
algunos– escribió este conocidísimo poema para su niña musa, Margarita
Debayle, hija de su médico de cabecera.
Se dice que una tarde, sentado en una playa, escribió este poema a
petición de la niña. Así, el azul del mar, el aroma a azahar y el canto
de la alondra se unen para crear el escenario donde Margarita descubre
un cuento, el de una princesa que soñaba con tomar una estrella.
¿Alguien no ha soñado con subir al cielo en su infancia y tocar con las
manos algo brillante del firmamento?

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